Columna de Conrad von Igel “Empresas con cultura emprendedora”

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La publicación original fue el jueves 15 de diciembre de 2016 en Economía y Negocios, El Mercurio.

En Chile estamos viviendo un cambio generacional muy potente. Mayor preocupación por el medioambiente, los temas sociales, la multiculturalidad y la tecnología son sólo algunas de las cosas que hoy grafican cómo han cambiado las motivaciones en la vida de nuestros jóvenes. Un tema no menor a gestionar por las empresas, que deben aprender a evolucionar y transformar su cultura interna con miras a reencantar a estos talentos, pero también flexibilizarse para sacarles un mayor provecho y que puedan expresar al máximo su potencial.

Esta semana estamos celebrando la Ceremonia de Premiación de la 5ª versión de Jump Chile, programa impulsado por el Centro de Innovación UC y Sura que se ha transformado en el mayor concurso de emprendimiento universitario del país.

En la ocasión, serán reconocidos los 10 mejores proyectos de las 1.891 postulaciones que recibimos durante esta convocatoria, provenientes desde todas las regiones de Chile y varios países de Latinoamérica. Se trata de iniciativas con potencial de impacto económico y social nacidas de jóvenes con ganas de crear y de generar un cambio, quienes en los últimos cuatro meses han participado con mucha pasión una serie de desafíos y talleres para empaparse de lo que hemos denominado la “CulturaJump”.

A través de metodologías de innovación y emprendimiento como Lean Startup, NeedFinding, DesignThinking y CustomerDevelopment, los “jumpers” aprenden a identificar problemas reales y a validar las hipótesis de sus modelos de negocios con clientes y usuarios, reduciendo la incertidumbre y posibilidad de fracaso. Además, se les enseña a fallar rápido y aprender de ese proceso, aumentando su tolerancia a las frustraciones, y se les entrega una serie de herramientas que les permiten ir “pivoteando” sus proyectos en función de una mejora constante.

Sin embargo, la CulturaJump no sólo es útil para generar modelos de negocios sostenibles a partir de ideas, sino que también es capaz de otorgar valor a medianas y grandes compañías a través de la generación de un cultura de innovación y emprendimiento al servicio de las empresas. Una deuda presente en la gran mayoría de las compañías en Chile, pero que es absolutamente necesaria de saldar con miras al futuro y para estar en sintonía con los tiempos actuales. De hecho, grandes empresas nos han pedido que les enseñemos estas herramientas a sus colaboradores y a incorporar estas metodologías en sus proceso de innovación.

Con estas herramientas las compañías reducen la tasa de falla de sus nuevos productos y servicios lanzados al mercado, innovan de manera más eficiente y generan una oferta ad hoc a las necesidades de sus clientes. No es por nada que empresas de la talla de Apple o Google las han incorporado en su ADN, pues bien entienden que la nueva creación de valor requiere creatividad, innovación, capacidad de adaptación y velocidad, así como también una participación más activa de sus proveedores y colaboradores, y un involucramiento real de sus usuarios.

Es por eso que la empatía con el cliente, el trabajo en equipo, pensar en grande a partir de lo pequeño a través de prototipos y pilotos, y la destreza para inspirar y convencer a otros a través de un pitch, son habilidades transversales que inculcamos a todos los emprendedores que son parte de nuestros programas de emprendimiento, las que sin duda les servirán a lo largo de toda su carrera, bien sea como colaboradores o generadores de empleo.

Las compañías en Chile deben aprender también de estos valores, pues las nuevas generaciones que serán sus colaboradores y clientes en el futuro también los esperan de ellas. Por eso hago el llamado a sumarse y a emprender este camino de cambio, antes que alguien lo emprenda mejor que uno.

columna-cvi-15-12-2016

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