El futuro como acto de diseño

El futuro como acto de diseño

Columna de Alfonso Gómez, Consejero del Centro de Innovación UC. La publicación original fue realizada el martes 4 de diciembre de 2018 en Economía y Negocios, El Mercurio.

Los humanos somos criaturas amantes de las certezas y temerosos de la incertidumbre. Por ello, intentar predecir lo que nos depara el futuro ha sido una aspiración fundamental de nuestra especie, en todas las culturas, desde el origen de la historia. Sin embargo, frente al desafío de anticipar lo que está por suceder, aparecen patentes nuestras incapacidades y nuestras limitaciones. Pese al abrumador desarrollo del conocimiento en nuestra era, la futurología dista mucho de ser una ciencia cierta y confiable. En pleno Siglo XXI, todavía son millones quienes, ante la falta de certezas de cómo viene el futuro, buscan respuestas y refugio en la magia y la superstición. La bola de cristal y una bruja tras ella, son el símbolo universal de nuestra ansiedad y nuestra limitación ante lo que nos depara el porvenir.

Pese a estas restricciones, nuestra necesidad de imaginar escenarios y planificar acciones a nivel personal, laboral o en la sociedad toda, nos lleva inevitablemente a buscar maneras confiables y eficaces de abordar la anticipación. Sería un error entender el futuro como una fatalidad predestinada e inmutable. Por el contrario, podemos enfrentar la gestión del futuro como un acto de diseño; uno donde -habida consideración de tendencias y restricciones- nos sintamos inspirados y confiados para declarar mundos más deseables y sustentables que el que habitamos hoy. Mundos diferentes y mejores que el actual. Es posible -más aún- necesario, generar espacios de conversación que nos permitan imaginar, discutir y declarar colectivamente escenarios anhelados de futuro. Diseñar futuros amables, factibles, sustentables, no sólo tonifica el ánimo social y la democracia, sino es un ejercicio que impacta de manera relevante nuestra comprensión y nuestras acciones en el presente. La manera de entender y afrontar el futuro, afecta e influye sobre lo que somos capaces de ver y hacer hoy. El presente es en cierto modo el terreno donde plantamos las semillas del futuro. Semillas pequeñas en el gran océano de la realidad, pero piezas fundamentales para el desarrollo de nuestra conciencia individual y colectiva, para el desarrollo y la viabilidad del concepto mismo de civilización y de progreso. Diseñar y compartir una visión de futuro es construir bases para innovar con sentido.

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